Huella de carbono.


¿Qué es la huella ecológica?

La huella ecológica de un individuo (podría ser también un país o entidad) mide la superficie biológica necesaria para producir bienes y servicios consumidos por el individuo, así como la capacidad para asimilar los residuos que genera.
La biocapacidad representa la superficie de los ecosistemas para producir materiales biológicos y absorber materiales residuales de actividades humanas. A escala global la biocapacidad per capita es de 1,8 hectáreas globales.
Si la huella ecológica de un individuo o de un país dado está por sobre esa biocapacidad, el país o el individuo se encuentran en una situación de deuda ecológica, mientras que si está por debajo se encuentra en una situación de reserva ecológica.




¿Qué es la huella de carbono?

Hace unas décadas las calorías se convirtieron en nuestro peor enemigo. La obsesión por conocer en detalle cuánto engordan los alimentos que nos llevamos a la boca obligó a la industria alimentaria a detallar en sus envases el valor nutricional de los productos.

De entre toda aquella información facilitada, un dato se convirtió en sagrado: el que marcaba las kilocalorías. Recientemente, el afán por medir lo que ingerimos ha encontrado un análogo igualmente inquietante en la salud del planeta. El dióxido de carbono (CO2), se ha convertido en el nuevo enemigo público.

El CO2 es, como las calorías, necesario para nuestra supervivencia, pero en exceso se ha demostrado que altera el clima al potenciar el efecto invernadero natural de la atmósfera. Desde que se confirmó la relación entre las altas emisiones de carbono y el calentamiento del planeta hace unas décadas, los distintos gobiernos -unos más que otros- han ido tomando, sobre todo en los últimos años, medidas para intentar frenar el cambio climático.

Pero algo ha vuelto a cambiar en los últimos años. Las grandes políticas internacionales están dejando paso a las pequeñas acciones locales e individuales. Ya no se trata de esperar pasivamente a que las industrias reduzcan sus emisiones. El nuevo concepto de huella de carbono indica que los consumidores emiten tanto o más que los fabricantes al hacer uso de los productos manufacturados. Es decir, utilizar el coche conlleva más emisiones que fabricarlo. La huella de carbono se refiere a la cantidad de emisiones que recae sobre un individuo3 al consumir un producto o servicio, incluyendo las emisiones indirectas vinculadas a su fabricación. Y casi todo, incluso comer, deja su huella.

Muchas las actividades cotidianas generan emisiones de carbono que contribuyen a acelerar el calentamiento global y el cambio climático. Por ejemplo, al conducir un coche, cada litro de nafta que se quema genera carbono en forma de dióxido de carbono.

Si bien depende del consumo del vehículo y los kilómetros recorridos, un auto naftero bien puede generar su propio peso en dióxido de carbono cada año. En este caso, se puede reducir la huella de carbono optando por un vehículo de menor consumo o utilizando menos el coche.

La dieta del carbono ha comenzado. Algunos países ya tienen asentada la costumbre entre la población de medir el CO2 implicado en cada una de las acciones individuales de la vida cotidiana. Es en este contexto, que la SAyDS presenta la primera versión de su calculador de carbono con el objeto de que la población tenga una idea más precisa sobre el efecto individual que provoca su actividad y sobre aquellos aspectos de su estilo de vida a los que debe prestar la mayor atención.


¿Querés saber cual es tu huella de carbono?

Utilizá el calculador de carbono desarrollado por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sutentable de la Nación y hace tu cálculo on line ingresando a PatagoniaNatural.



¿Cómo es la huella de carbono del argentino promedio?

La huella de carbono de un argentino con consumo promedio es de 5,71 ton CO2 al año.



¿Donde se encuentra la Argentina con relación a otros países?


La huella de carbono del argentino promedio es menor que la de los individuos que viven en países como los Estados Unidos y el Reino Unido.

Las diferencia en las huellas de carbono con estos países se pueden deber tanto al nivel de emisiones de los sectores productivos del país, así como, al estilo de vida de sus ciudadanos.

Con relación al primer aspecto, suponiendo que el consumo por habitante de energía eléctrica de los Estados Unidos fuera igual al de Argentina (que no es el caso), aún así la huella de carbono en este ítem particular sería superior en los Estados Unidos, en tanto las actividades de generación de energía eléctrica genera un nivel mayor de emisiones7 en este país.

Con respecto a los estilos de vida, si hipotéticamente consideramos que el factor de emisión es el mismo en Estados Unidos y Argentina, probablemente la huella de carbono del consumo eléctrico seguiría siendo mayor, dado que el estilo de vida del norteamericano típico implica el uso de un mayor número de aparatos eléctricos consumidores de energía.

En resumen vale aclarar que las diferencias que podamos encontrar entre la huella de carbono de argentina y la de otros países se deben a una mezcla de estos dos aspectos.



¿Cual es la huella de carbono de los alimentos que consumimos?
Conocer la huella de carbono en los alimentos, significa cuantificar las emisiones de CO2 que se originan desde la producción primaria, por ejemplo una tonelada de trigo, en la que se aplican agroquímicos, el productor consume diésel en su tractor y su camioneta, el camión que transporta al silo del pueblo, otro camión lo lleva al molino harinero o a la terminal de los puertos para su exportación, posteriormente se realizar la transformación del trigo en pan o en pastas, por ejemplo, y su comercialización final en la panadería o en el supermercado. Todas estas etapas deben ser medidas en relación a los gases efecto invernadero y finalmente debe incluirse una etiqueta en cada alimento listo para consumir. El consumidor decide qué alimentos comprar en base a la contaminación generada. La etiqueta ayuda a los consumidores a ser conscientes del grado con el que contribuyen al calentamiento del planeta con sus compras.

Esta situación parece lejana en el tiempo y poco probable; sin embargo, ya es realidad. El eco-etiquetado ya está siendo demandado por los consumidores en varias cadenas minoristas en Francia, Reino Unido, España, Alemania, Suiza, Austria, entre otros, y próximamente la misma Unión Europea buscará implementar un esquema para los 27 países. Estados Unidos también está en la misma senda, aunque con diferencias, dado que pretenden incorporar castigos de acuerdo al grado de emisión, vía impuestos o aranceles de importación.


¿Cómo podemos reducir nuestra huella de carbono?

Existen diversas acciones individuales que pueden llevarse a cabo en distintos ámbitos, realizadas a partir de criterios de cuidado del medio ambiente. Estas acciones incluyen la gestión de los recursos utilizados (energía, agua...), el consumo de productos, la gestión de los residuos generados, etc.


En la cocina y el lavadero.

* La utilización de una heladera etiquetada con la letra A, en función de su eficiencia energética, reduce 81 Kg. de CO2 anuales en comparación con una C.
* Cuando saque un alimento del congelador para consumirlo al día siguiente, descongélelo en el compartimiento de refrigerados, en lugar de hacerlo en el exterior. De este modo, tendrá ganancias gratuitas de frío.
* Ajuste el termostato para mantener una temperatura de 6ºC en el compartimiento de refrigeración y de (-1ºC) de (-18ºC) de congelación. Cada grado que reduzca la temperatura, aumentará, innecesariamente, un 5% el consumo de energía.
* Abra la puerta lo menos posible y ciérrela rápidamente: unos segundos bastan para perder buena parte del frío acumulado.
* Procure que el fondo de los recipientes sea ligeramente superior al fuego o zona de cocción: aprovechará al máximo el calor de la cocina. Tape las cacerolas durante la cocción: consumirá menos energía.
* Aproveche el calor residual del horno apagándolo unos cinco minutos antes de terminar de cocinar los alimentos, el calor residual será suficiente para acabar el proceso.
* Procure aprovechar al máximo la capacidad del horno y cocine, si es posible de una vez, el mayor número de alimentos. Para cocciones superiores a una hora, no suele ser necesario precalentar el horno.
* Evite abrir la puerta del horno innecesariamente. Cada vez que la abre se pierde, como mínimo, el 20% del calor acumulado en su interior.
* Descongele los alimentos dentro de la heladera. Evitará el consumo de energía del horno o del microondas para descongelar.
* Secar la ropa significa un gran consumo de energía. Es recomendable limitar su uso a situaciones de urgencia. Si emplea la función de secado del lavarropas, centrifugue previamente la ropa para no hacerla trabajar más. Gastará mucha menos energía.
* No seque la ropa de algodón y la ropa pesada en las mismas cargas de secado que la ropa ligera. Estas últimas se secan antes.


Residuos domésticos.

* Los residuos son una fuente potencial de energía y materias primas que puede aprovecharse en los ciclos productivos. De hecho, gran parte de la basura que se genera es recuperable o reciclable.
* Reducir el volumen de basura generada, ya sea a través del reciclado o de la compra sustentable, permite reducir emisiones.
* Hay que tener en cuenta que algunos tipos de papel, como los plastificados, los adhesivos, los encerados, los de fax, etc. no pueden reciclarse.
* El vidrio es reciclable al 100%. Por cada botella que se recicla se ahorra la energía necesaria para mantener un televisor encendido durante 3 horas o la energía que necesitan 5 lámparas de bajo consumo de 20 W durante 4 horas.
* Rechace las bolsas de plástico que no necesite. Procure llevar siempre su propia bolsa.
* La fabricación del aluminio es uno de los procesos industriales de mayor consumo energético y de mayor impacto ambiental. Modere la utilización de papel de aluminio.
* Reducir las basuras consiste también en rechazar los distintos tipos de envases o empaquetados cuando éstos no cumplan una función imprescindible.
* La bolsa de plástico que traemos de la compra se puede reutilizar como bolsa de la basura.


En el baño.

* El ahorro de agua, aunque no se trate de agua caliente, conlleva un ahorro energético, ya que el agua es impulsada hacia nuestras viviendas mediante bombas eléctricas consumiendo energía.

* Racionalice el consumo de agua. No deje los grifos abiertos mientras no usa el agua.
* Recuerde que una ducha consume de cuatro veces menos agua y energía que un baño.
* Tenga también en cuenta que se pueden colocar reductores de caudal en canillas, para disminuir el consumo de agua.
* Evite goteos y fugas de las canillas. El simple goteo de la canilla del lavatorio significa una pérdida de 100 litros de agua al mes.
* Calentar el agua con gas en lugar de hacerlo con electricidad, evita que cada familia emita a la atmósfera hasta media tonelada de CO2 al año.
Iluminación.
* Siempre que sea posible, aproveche la iluminación del sol, que es natural y, además, gratuita.
* Utilice colores claros en las paredes y techos: aprovechará mejor la iluminación natural y podrá reducir la iluminación artificial.
* Es necesario analizar las necesidades de luz en cada una de las partes de la vivienda, ya que no todos los espacios requieren la misma cantidad, ni durante el mismo tiempo, ni con la misma intensidad.
* Regule la iluminación a sus necesidades y dé preferencia a la iluminación localizada: además de ahorrar energía conseguirá ambientes más confortables.
* No deje luces encendidas en habitaciones que no esté utilizando, reduzca al mínimo la iluminación ornamental en exteriores: jardines, etc. y coloque puntos de luz de manera que iluminen otras habitaciones cercanas, como vestíbulos y pasillos.
* Mantenga limpias las lámparas y las pantallas, aumentará la luminosidad sin aumentar la potencia.
* Las lamparitas incandescentes sólo aprovechan en iluminación un 5% de la energía eléctrica que consumen, el 95% restante se transforma en calor, sin radiación luminosa. Sin embargo, las lámparas de bajo consumo se encienden instantáneamente y apenas desprenden calor.
* El reemplazo de las lamparitas incandescentes por fluorescentes permite reducir 43.8 kilos de CO2 anuales por lámpara.
* Sustituya las lamparitas incandescentes por lámparas de bajo consumo. Para un mismo nivel de iluminación, ahorran hasta un 80% de energía y duran 8 veces más.
* Use tubos fluorescentes donde necesite más luz y esté encendida muchas horas; por ejemplo, en la cocina.
* Es interesante que el interior de los ascensores no esté permanentemente iluminado. Proponga la instalación de detectores de presencia que activen el encendido de la luz exclusivamente cuando alguien entre en el ascensor.


Sistemas de calefacción y refrigeración.

* Entre el 25% y el 30% de nuestras necesidades de calefacción son debidas a las pérdidas de calor que se originan en las ventanas. Revise y mejore sus aislamientos en caso de que detecte deficiencias en los mismos.
* Aunque la sensación de confort sea subjetiva, se puede asegurar que, en invierno, una temperatura de entre 19ºC y 21ºC es suficiente para la mayoría de personas. Por la noche, basta tener una temperatura de 15ºC a 17ºC para sentirnos bien.
* El calor y frío acumulado en la vivienda es mayor si se cierran persianas y cortinas.
* La temperatura a la que programamos la calefacción condiciona el consumo de energía de nuestro sistema de calefacción. Por cada grado que aumentemos la temperatura, se incrementa el consumo de energía aproximadamente en un 7%.
* Apague completamente la calefacción si va a dejar desocupada la vivienda más de un día.
* Por motivos de confort, la mejor colocación de los radiadores, es debajo de las ventanas, haciendo coincidir la longitud del radiador con la de la ventana, para favorecer la correcta difusión del aire caliente por la habitación.
* Para ventilar completamente una habitación es suficiente con abrir las ventanas alrededor de 10 minutos: no se necesita más tiempo para renovar el aire y se malgasta energía.
* En verano, ventile la casa cuando el aire de la calle sea más fresco (primeras horas de la mañana y durante la noche). Cerrar persianas y correr cortinas son sistemas eficaces para reducir el calentamiento de nuestra vivienda en verano y para evitar que se escape el calor en invierno.
* Recuerde que los colores claros en techos y paredes exteriores reflejan el sol y, por tanto, evitan el calentamiento de los espacios interiores.
* Es importante colocar los aparatos de refrigeración de tal modo que les dé el sol lo menos posible y haya una buena circulación de aire.
* Cuando encienda el aparato de aire acondicionado, no ajuste el termostato a una temperatura más baja de lo normal.
* La adaptación del cuerpo a las condiciones climáticas del verano y el hecho de llevar menos ropa y más ligera hacen que una temperatura de 25ºC, en esta época, sea más que suficiente para sentirse cómodo en el interior de una vivienda. En cualquier caso, una diferencia de temperatura con el exterior superior a 12ºC no es saludable.
* El mantenimiento adecuado y la limpieza de los equipos prolonga su vida y ahorra energía.


Aislamiento térmico.

* Una vivienda mal aislada necesita más energía. En invierno se enfría rápidamente y puede tener condensaciones en el interior; y en verano se calienta más y en menos tiempo.
* Solemos asociar los aislamientos a los muros exteriores de las viviendas; sin embargo, también son necesarios los aislamientos en otras zonas del edificio contiguas a espacios no climatizados.
* Los sistemas de doble cristal o doble ventana reducen, prácticamente a la mitad, la pérdida de calor con respecto al acristalamiento sencillo.
* Si tiene chimenea, cierre el tiro de la misma cuando no la esté usando.
* El techo color claro comparado con uno oscuro puede reducir la ganancia de calor en un 50%.


Transporte.

* Con la conducción eficiente se logra un aumento de la seguridad vial y una disminución del tiempo de viaje, además conseguirán un ahorro de combustible y de emisiones de CO2 del 15%, así como una reducción del costo de mantenimiento del coche.
* Mantener la velocidad de circulación lo más uniforme posible, evitar aceleraciones, y cambios de marchas innecesarios, ahorra combustible.
* En paradas prolongadas, es decir, de más de 60 segundos, es recomendable apagar el motor.
* El mantenimiento del vehículo influye en el consumo de combustible. Realice las revisiones periódicas del automóvil: ahorrará energía y mejorará su seguridad.
* Los accesorios exteriores aumentan la resistencia del vehículo y, por consiguiente, incrementan el consumo de combustible. Además, conducir con las ventanillas bajas también provoca mayor resistencia y, por lo tanto, mayor esfuerzo del motor y mayor consumo.
* No acelere el motor en frío innecesariamente. La consecuencia es un elevado desgaste del motor y un gran consumo de combustible.
* Para pequeños desplazamientos dentro de la ciudad considere la posibilidad de ir a pie en bicicleta o en transporte público.


Aparatos electrónicos.

* Muchos aparatos, entre ellos los televisores, videos, microondas, equipos de audio, equipos de aire acondicionado, computadoras personales (PCs), etc. continúan consumiendo energía eléctrica aún cuando parezca que se encuentran apagados. La suma de estos pequeños consumos puede alcanzar un valor significativo.



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