Planificación: Un diálogo entre lo previsto y lo imprevisto.


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Planificar sirve. El hacerlo nos permite integrar, secuenciar y desarrollar pasos intermedios para logar metas a corto, mediano y largo plazo. Gracias a esa posibilidad nos podemos lanzar hacia delante, hacía el futuro… es decir: proyectarnos.

Todo proyecto es una especie de estimación calculada en base a la experiencia pasada y presente.  
Habiendo estudiado correctamente todas las variables, lo proyectado se cumpliría tal como lo ideamos si el universo fuese como la ciencia clásica pensaba que era: estable, repetitivo y medible (Visión esta conocida como paradigma newtoniano-cartesiano). Pero, desde Einstein en adelante, los nuevos paradigmas de la ciencia moderna verifican que el universo lejos de parecerse a una maquinaría de relojería, se asemeja más un organismo fluctuante, creativo e inconmensurable.


Nos  alegramos y festejamos las pocas veces en las que resulta todo tal como fue planificado. En cambio, nos frustramos, entristecemos o enojamos las muchas veces en las que no resulta tal cual como lo habíamos calculado.
Cuando se planifica una cosa y resulta otra, lo que falla no siempre es la planificación en sí. El error suele estar en las premisas a partir de las cuales fueron basadas las proyecciones. 
A pesar de entenderse que es imposible abarcar las complejas fluctuaciones y el devenir creativo de la vida, a la hora de hacerse planes con frecuencia nos manejarnos movidos por los hilos del paradigma de la ciencia clásica, presumimos tener todo bajo control y creemos poder predecir cuanto queremos que ocurra. 

A pesar de la irrefutable evidencia y de entenderse que el universo no es como antes se creía, lleva un tiempo hacer que aquella antigua y  equivocada creencia deje de estar vigente en nuestros días. Lo mismo ocurre con otras muchas situaciones, por ejemplo: Sabemos que la tierra es la que se mueve alrededor del sol y no al revés, no obstante seguimos diciendo “salió el sol”, “bajó el sol”, etc. En este caso las consecuencias no son graves, ya que cuando la situación lo amerita sabemos dejar de lado el lenguaje geocéntrico y nos comportamos acorde al lugar que realmente ocupamos. Pero con otras situaciones, como es el caso de cuando planificamos, los efectos del proceder inadecuadamente suele tener efectos perjudiciales. 

Para vivir nuestros proyectos aplicando los conocimientos del nuevo paradigma es necesario asumir que no tenemos el control de todo, admitir que hay incontables variables imposibles de ver de antemano y ser conscientes de que todo plan es un  bosquejo pasible de ser modificado según lo amerite las circunstancias. El hacerlo de esta forma es una práctica que nos permite desarrollar la plasticidad mental/emocional y un ejercicio para ser más flexibles a la hora de tener que adaptarnos a los cambios. 

Cabe aclarar que en tales casos no se trata de una adaptación pasiva, ni de una dramática sumisión a las circunstancias. La aparición de variables no previstas y las nuevas combinatorias posibles son la materia prima a partir de lo cual podremos crear algo que trascienda nuestros primeros cálculos; es la oportunidad para que el futuro sea más que la mera proyección de expectativas derivadas del pasado.

Muchas veces, dicen los artistas, que la obra que tenían en mente al momento de iniciarla es diferente a la que concluyen; la idea originaria va siendo enriquecida por las sucesivas transformaciones que ocurren durante el proceso creativo. Podemos, al igual que ellos, tener en cuenta que lo planificado es siempre un borrador que se irá conformando y enriqueciendo durante el permanente diálogo con la realidad, con lo inesperado que acontece a cada paso y con lo que nuestra inspiración nos valla dictando.  

Es a través de lo imprevisto que la fluctuación, creatividad e inconmensurabilidad del universo nos dice “presente”! 

La aparición de variables inesperadas no necesariamente son  amenazas a nuestros objetivos, ni causantes de una inevitable frustración; por el contario, pueden ser redimensionadas como aliadas que nos ayudan a que enriquezcamos nuestros proyectos durante sus procesos de realización… para que al hacerlo seamos un tanto menos autómatas y un poco más creativos. 

Juan Antonio Currado

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