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30 ago 2009

Arte de Porquería.








Todos somos consumidores. Todos podemos consumir de manera responsable.

Cuanto mayor consciencia tengamos del impacto social, ético y ambiental que causamos... mejor fomentaremos aquellas actividades más satisfactorias para las personas y la naturaleza.

El consumo responsable consiste en elegir los productos que necesitamos no sólo en base a su calidad y precio sino también por su impacto social y ambiental y por las conductas de las empresas que lo elaboran.


Juan Antonio Currado

3 dic 2008

Consumir es igual que votar.


consumismo

Aunque parezca una exageración, no lo es. Cuando consumimos votamos. No podemos quejarnos de poca democracia o de poca participación, votamos casi media centena de veces al día. Por lo que cambiar las cosas es posible, y puedes hacerlo... desde ya.

La responsabilidad en el consumo no se define, explica o argumenta, sino que se demuestra. En más ocasiones de las que creemos y en más temas de los que
intuimos. Cada vez que consumimos nos posicionamos y apoyamos unas causas y no otras.

No sólo hablo de consumir comida, que por supuesto, sino de ropa, transporte, medicinas, telefonía móvil, productos informáticos, vacaciones, televisión, ocio, muebles, papel, agua, bancos, cajas, alcohol o tabaco.

Como alternativa planteo el consumo, pero asemejándolo a la filosofía del reciclaje. Debemos minimizar el consumo compulsivo (Reducir). Aumentar la vida de los productos y servicios que necesitamos hasta finalizar su vida útil (Reutilizar). A veces para nosotros algo ya no tiene valor pero sí para otras personas, por lo que es vital intentar dar salida a nuestros residuos (Reciclar). Debemos practicar el Consumo Responsable bajo los parámetros de comercio local o de cercanía (no a los petro-alimentos), producción ecológica y con un fuerte componente de comercio socialmente responsable.

2 dic 2008

Ecosofía, la filosofía unida a la tierra.




¿Cómo definirías, de manera sencilla, la ecosofía?

La ecosofía es un modo de estar en el mundo, de percibirlo. Un saber práctico que transforma nuestra conciencia y nos integra a la unidad de la vida, haciendo del sujeto-objeto-medio un continuo. Es también una ampliación de nuestra sensibilidad que implica un cambio de perspectiva, absolutamente necesario para superar las aparentes contradicciones que nos rodean. Como ves, no puede ser otra cosa que una profunda filosofía, un saber habérselas con las incertidumbres que nos depara la complejidad de nuestra existencia. Por eso, hablar del saber ecosófico es hablar también de buena educación, la que nos ayuda a autorrealizarnos en un medio respetuoso y responsable con las lógicas de lo vivo.


¿Cómo se dio el paso de la ecología a la ecosofía? ¿Consideras que es la filosofía del siglo XXI?

El desplazamiento que se produce entre la ecología y la ecosofía, término puesto en circulación por el filósofo noruego Arne Naess en 1960, implica una transición de la ciencia a la sabiduría, y es este pasaje, esta traslación, la que esencialmente representa un cambio de paradigma. Sabios europeos como Edgar Morin llevan años refundando un nuevo concepto de lo que debería ser la educación para este complejo siglo XXI. No podemos seguir fragmentando nuestras verdades científicas sin destruir el significado profundo de cultura. Claro que la ecología es una buena aproximación a lo que significa este giro radical, esta necesitada revolución, pero desde la perspectiva ecosófica se le añade la visión cosmológica necesaria para iniciar un verdadero proceso de cambio. Porque la ecosofía reflexiona también sobre nuestras costumbres, sobre nuestra manera de habitar la Tierra, y sobre nuestra manera de admirarla. Una mirada científica, político-ética y estética. En este sentido, el pensamiento del siglo XXI deberá ser ecosófico.


¿Las ideologías del siglo pasado han fracasado y se impone una nueva visión del mundo?

No creo que pueda hablarse de fracaso, así como tampoco del fin de las ideologías y de los grandes relatos. El idealismo ha sido la gran experiencia de la modernidad. Con todo lo positivo y lo negativo que nos ha dejado, sigue siendo, a día de hoy, la condición de posibilidad de nuestro pensamiento. De lo que se trata ahora es hacer del porvenir que nos espera un lugar amable para la vida. A veces olvidamos la satisfacción que nos produce un paisaje, o el sentimiento de bienestar que experimentamos haciendo cosas aparentemente inútiles, no productivas. Tenemos que sacarnos de encima ese malentendido cartesianismo mezclado de utilitarismo que no nos conduce a nada. Pero para todo este inmenso proyecto, la herencia de la modernidad es indispensable. La ecosofía no renuncia ni a la ciencia ni a la tecnología, simplemente subraya que el uso que hacemos de ellas no satisface las necesidades humanas básicas como un trabajo con sentido en un ambiente con sentido. Estamos adaptando nuestra cultura a la tecnología cuando debería ser justo lo contrario.


Como ecología profunda denuncias la contaminación en nuestras mentes y en el lenguaje. ¿Cómo estos actos, que creemos tan personales, influyen en la globalidad del planeta? ¿Nos creemos solos y sin importancia, cuando la realidad es que estamos unidos y nuestros actos tienen mucha dimensión?

Antes que individuos somos seres sociales. El lenguaje y el uso que hacemos de él nos permite trabajar en un espacio de conocimiento compartido, y hasta cierto punto normativo; coherente con el medio. Habitamos también un espacio vivo de palabras cuyos significados soportan las presiones de los valores dominantes. En la economía, en la política, en nuestra cultura, aparecen o se redefinen conceptos y palabras que introducen ruido en este complejo sistema de comunicación con el que pretendemos alumbrarnos. Y junto a las palabras, seguimos polucionando nuestro ecosistema simbólico con imágenes precocinadas y distribuidas para modificar nuestra sensibilidad y nuestra relación con la verdad. La ecosofía plantea también esta cuestión como un problema ambientalista.


¿Cuál es el origen de nuestra actitud separada del planeta?

Puede que las razones haya que buscarlas en cómo percibimos que estamos vivos. Del mismo modo que la Tierra parece plana y no lo es, nuestro cerebro tiende a pensarse desde un irreductible dualismo mente-cuerpo. La experiencia de sentirnos sujetos nos ha hecho animales antropocéntricos.


Cambiar nuestras ideas es lo que puede cambiar nuestra actitud. ¿Cuáles son las que tenemos más distorsionadas?

Sin un cambio en el campo de las disposiciones cognitivas, no es posible ningún cambio social y político. Toda revolución social presupone una revolución cultural. Lo que tu llamas ideas distorsionadas, merecerían un análisis profundo de los distintos detalles y métodos que acríticamente nos inducen a aceptarlas. Muchas de las cosas que adquirimos, demasiadas actividades que realizamos, no nos ayudan a potenciar nuestras capacidades como seres pertenecientes a una comunidad viva, y en cambio sí perpetúan una cultura basada en la explotación del hombre y la naturaleza.

Nuestra sociedad es muy dada al conocimiento y menos a la acción personal. ¿Sin unir ambas cosas la ecosofía fallará?

Simplemente no será ecosofía. Acumular conocimiento no significa sabiduría. Ese es el giro que pretende la ecosofía, la emergencia de un nuevo estado de conciencia que permita la autorrealización, el permanecer en la existencia dotándola de sentido. Seguir siendo naturaleza histórica.


La ecosofía es una idea en la que mentalmente a menudo se está de acuerdo, pero exige un compromiso personal práctico. ¿Cómo dar ese salto, en esta sociedad inclinada a la comodidad y el consumismo? ¿Crees que tiene que suceder algo que nos haga despertar?

Algo ya está sucediendo. El cambio climático no es propaganda de ningún tipo. Pero además, los mercados de consumo, empeñados en hacernos insatisfechos para maximizar sus beneficios, ya están produciendo demasiada infelicidad. Las contradicciones nos empiezan a parecer insoportables. Producimos en exceso consumibles low-cost que no mejoran nuestra calidad de vida. La tarea más complicada que el pensamiento ecosófico debe realizar es la elaboración de un proceso que gestione el cambio. Aportar estrategias psicológicas y sociales, científicas y culturales, para volver a recuperar el instintivo gusto por las satisfacciones auténticamente humanas. Todo lo que pueda pagarse con dinero no vale nada en comparación con lo que no tiene precio.


Hablar de espiritualidad rápidamente se asocia con religión, con todas las connotaciones que ello conlleva. ¿Cómo devolver al ser humano la espiritualidad que le haga ver que es parte de un todo?

Hay muchas formas de acceder a lo espiritual y a la profundidad del sentimiento religioso que, como seres humanos, experimentamos. Spinoza, superando el dualismo cartesiano entre la cosa extensa y la cosa pensante, establece una única sustancia con múltiples atributos y capaz de expresarse en distintos modos, conceptualizando la idea de Dios como Naturaleza. Esta cosmovisión armoniza con la idea elaborada por Raimon Panikkar en su espléndido ensayo ‘ Ecosofía : para una espiritualidad de la tierra ’, donde nos propone una visión ampliada de lo político. Para Panikkar, todos los grandes problemas humanos de hoy en día son de naturaleza política y, al mismo tiempo, religiosa. Algo parecido sucedió después del Concilio Vaticano II con la Teología de la Liberación, acercando en este caso el discurso religioso a la política. No se trata de volver a posiciones fundamentalistas, advierte Panikkar, de confundir de nuevo el orden de la política y de la religión, sino darnos cuenta de que se trata de órdenes orgánicamente relativos que necesariamente deben actuar en común.


¿En qué sentido la dificultad en las emociones radica en habernos uniformizado demasiado?

Otro autor de referencia para acercarnos al pensamiento eco-filosófico es Félix Guattari. En su libro ‘Las tres ecologías’, este psicoanalista y filósofo francés considera las perturbaciones ecológicas como la parte visible de un mal más profundo y relacionado con nuestra manera de organizar la vida. Guattari propone una solución que contemple una verdadera articulación ético-política entre medio ambiente, relaciones sociales y subjetividad. Para ello, denuncia los distintos modos de uniformización provocados por los massmedia, el conformismo de las modas, o la manipulación de la opinión pública, y nos propone nuevos dispositivos de producción de subjetividad para re-singularizarnos individual y colectivamente, enriqueciéndonos de ese modo y preservando la biodiversidad cultural intrínseca a la misma vida. El alejarnos del consenso embrutecedor e infantilizante que produce el mercado, y explorar nuevas formas de relacionarnos con el otro, con el distinto, y con nosotros mismos, ampliando los mecanismos emocionales y empáticos entre los seres vivos, es parte de la solución.


¿Además de vernos como un todo con el planeta, nos queda pendiente que cada ser humano nos veamos como un todo, en el que pensamientos, conocimientos, acción y espíritu se manifiestan en nuestro cuerpo y actos?

La concepción espiritual y cosmológica de la ecosofía ofrece la posibilidad de contemplar el universo como un todo que se origina en cada uno de nosotros. Pensarnos un centro cualquiera de este multiverso que se expande a partir de lo que somos, y a la vez, sabernos un reflejo de ese orden, un microcosmos.


Alex Escamilla Imparto
Fuente
www.rebelion.org




21 nov 2008

Comercio justo, otra forma de producir y vender.


Comercio justo

El concepto nace en la década del 60 para disminuir el desamparo y la marginación que viven en el circuito económico millones de artesanos y pequeños agricultores

En la búsqueda de mecanismos capaces de restaurar una economía con múltiples fisuras, junto a los microcréditos sin garantía, la banca ética y los fondos de inversiones conscientes, aparece el comercio justo (CJ), una metodología innovadora que se suma al universo de las finanzas alternativas del tercer milenio.

"Centrado en la filosofía del pago de un precio razonable a los agricultores y productores de alimentos y artesanías, y a los trabajadores asalariados, la idea es asegurarle a la gente un monto de dinero que le permita mantener una calidad de vida digna, acceder a la educación, la salud y los mercados", explica Hugo Valdés, especialista latinoamericano en el tema.

El movimiento comercio justo empieza a formarse en Europa, a mediados de la década del 60, a partir de la toma de conciencia de los consumidores de los bajos precios que pagaban por los productos importados del Tercer Mundo.

Este despertar de la necesidad de encontrar propuestas capaces de permitir mayor equidad comercial mientras se protegen los derechos humanos, y la sobrevivencia de pequeños núcleos productivos, comenzó a armar, en 1969, una cadena de tiendas dedicadas a comercializar productos adquiridos sin intermediarios en las naciones en las que la brecha económica entre ricos y pobres es un abismo.

Artesanías y alimentos --en principio café, luego cacao, miel y frutas-- comenzaron a venderse en Holanda, y en la actualidad son miles los comercios que integran la Network of European World Shops. La Fair Trade Labelling Organizations International (FLO) es una entidad que reúne las certificadoras que otorgan los sellos que confirman que un producto, o materia prima, se genera a partir de los principios del CJ.

La FLO cuenta con estándares para las certificaciones, los cuales aseguran legitimidad en el sistema, transparencia en la transacción, el pago de un precio que se pacta de antemano y adelantos de dinero para poder trabajar. Entidades que apoyan e impulsan este estilo comercial son la Max Havelaar Foundation, Fair Trade Federation, European Fair Trade Association, la International Federation of Alternative Trade. Anneke Theunissen, de FLO, comenta que supermercados, universidades, gobiernos, hoteles y restaurantes adquieren, adhiriendo a la propuesta, alimentos y artesanías.


La Argentina

En el país, el movimiento CJ es incipiente, pero se expande en especial entre artesanos y algunos productores, por ejemplo, yerbateros, como es el caso de la yerba Titrayjú, procedente de una cooperativa misionera.

Aunque es larga la senda por recorrer para obtener certificaciones que posibilitan la venta de los productos nacional e internacionalmente con sellos que los acrediten, algunas entidades han aplicado a la Federación Internacional de Comercio Alternativo (IFAT). Entre ellas está Arte y Esperanza, una ONG que trabaja desde hace 18 años con 45 grupos indígenas. "Recibimos apoyo de la cooperativa italiana Chico Mendes para desarrollar proyectos y comercializar en el exterior", dice Mercedes Homps, miembro del grupo.

Paddy von Stecher, de Artesanías Argentinas, comenta que desde junio integran la Red Argentina de Comercio Justo (RACJ - En su web encontrarás puntos de venta) compuesta por 25 organizaciones de productos alimenticios y artesanías. "El proceso apenas empieza. No obstante, algunas entidades están preparando un catálogo para Europa y difundiendo el concepto."

Según información de la RACJ, la filosofía de comercio justo se observa en los productos de las equiferias de Entre Ríos, los de las ferias francas misioneras, los de la fundación Niwok en Formosa, los del Centro Comercial de la Obra Kolping de Rosario y los de Surcos Patagónicos de Río Negro.

En la Argentina promueve esta iniciativa el Instituto para el Comercio Equitativo y el Consumo Responsable (Icecor), que presta servicios a productores, vendedores y consumidores de productos naturales y artesanales, basados en criterios de equidad, solidaridad y respeto por el hábitat. Comercio, no ayuda es el lema de base de esta construcción inspirada en el deseo de una mayor equidad y en la solidaridad.


María Teresa Morresi
Fuente: Diario La Nación




Más información y guía de puntos de venta de Comercio Justo en Argentina
ICECOR
Autosuficiencia económica
Asociación Internacional de Comercio Justo

FUNDESARTE
Arte y esperanza, comercio justo