
La seda de la araña es muchísimo más dúctil y cinco veces más
resistente en relación a su peso que el acero de mayor grado. La
luciérnaga produce luz fría con una pérdida de energía casi nula (una
bombilla incandescente normal desperdicia el 98 % de su energía en
forma de calor). Un escarabajo, que desova en madera recién quemada, ha
desarrollado una estructura capaz de detectar la radiación infrarroja
exacta que produce un incendio forestal y ubicarlo a cientos de
kilómetros de distancia. Muchos, muchísimos procesos, que siguen siendo
actualmente una utopía para los técnicos, ya se han materializado de
forma óptima en la naturaleza.
La disciplina científica, que
se ocupa de este tema, recibe el nombre de biomímesis o biónica y está
en auge a nivel internacional. Se están descubriendo desarrollos de
trascendencia insospechada. Biólogos e ingenieros de todos los
continentes analizan conjuntamente las tecnologías desarrolladas y
probadas por la naturaleza durante millones de años.
Hasta lo más superficial es genial.
La
flor del loto es un símbolo de pureza para las religiones asiáticas:
las hojas salen absolutamente limpias del barro de las aguas. Este
fenómeno de autolimpieza ha sido estudiado a fondo y ofrece
informaciones impresionantes sobre las posibilidades de la naturaleza
para protegerse tanto de la suciedad como de los microorganismos.
Mediante el traspaso de esta característica a superficies técnicas, se
pueden limpiar mediante la lluvia casi todos los materiales que se
encuentran al aire libre. Se están creando pinturas que repelen el agua
y las manchas a partir de la estructura de la hoja del loto, que posee
unas micro y nanoestructuras que por su ángulo de contacto con el agua
hacen que ésta forme gotas que limpian la superficie de la hoja a su
paso.