Sanarse facilitando salud.

El artículo que sigue es un compendio de fragmentos pertenecientes a Bernie Siegel (Médico con especialización en cirugía general y pediatría. Creador del Exceptional Cancer Patients). Actualmente, su interés se centra en la humanización de la atención médica y en introducir la relación entre cuerpo y mente en los estudios académicos de medicina. A través de este texto nos ofrece una valiosa manera de entender la salud, la enfermedad y la relación médico-paciente. Si bien se hace hincapié sobre la profesión médica, entiendo que es igual de valida y extensible a todos los profesionales de todas las disciplinas que trabajan con personas facilitando la recuperación de la salud.

Juan Antonio Currado



Cuando me preguntan de qué manera cambiaría yo la educación médica, pienso en un maravilloso cuadro, titulado El médico, que está actualmente en la Tate Gallery de Londres. Muestra a un hombre sentado en una cabaña, inclinado sobre el lecho de un niño enfermo. No está rodeado de complicados aparatos; simplemente escucha y atiende, mientras en el fondo se divisa a los preocupados padres. El artista, Sir Luke Fildes, pintó el cuadro en 1891. El día de Navidad había tenido la experiencia de ver morir a uno de sus hijos, y sabía lo que significaba para él «el médico». Hoy, si yo pidiera a un grupo de médicos que pintaran un cuadro con ese título, es probable que en él no aparecieran más que instrumentos y batas blancas.

Ahora hay tantas drogas, y varios tipos de cirugía robótica, y todas estas cosas fascinantes (que es maravilloso tener), pero recordemos que aún hay una persona al final de todo esto.
Son muchas las formas en que me gustaría "humanizar" la atención médica.



Los pacientes deben formar parte del proceso de formación de los médicos, que aprenderían que están tratando con personas, y no sólo con enfermedades, y que la gente no es lo mismo que los casos que salen en los libros de texto.

Insistiría en que los médicos hagan personalmente la prueba de cómo es eso de estar enfermo. Me gustaría verlos en un hospital donde nadie los conoce, con un diagnóstico de una enfermedad que pone en peligro su vida. Pasándose una semana ingresados, podrían comprobar de qué forma se trata a los pacientes.

No a todos los pacientes se los puede salvar, pero el médico puede aliviar su enfermedad por la forma en que los trata; y en la forma de tratar a un paciente, el médico puede estar salvándose. Pero primero debe convertirse nuevamente en estudiante; tiene que disecar el cadáver de su máscara profesional; debe ver que su silencio y su neutralidad son antinaturales. Puede ser necesario que renuncie a parte de su autoridad, a cambio de su humanidad, pero no perderá nada haciéndolo, como bien sabían los viejos médicos de cabecera.

No sólo nuestras medicaciones y operaciones tienen eficacia; también las palabras pueden curar o matar. Al aprender a hablar con sus pacientes, el médico puede volver a sentir amor por su trabajo. Poco tiene que perder, y todo por ganar, si deja entrar al enfermo en su corazón. Si lo hace, ambos compartirán lo que pocas personas pueden compartir: la maravilla, el terror y la exaltación de estar al filo mismo del ser, entre lo natural y lo sobrenatural.

En la educación médica tradicional, evidentemente el éxito se mide según la capacidad de eliminar la enfermedad, de “curar”. Por lo tanto, la muerte de un paciente se ve como un fracaso. Pero sostener esa idea implica distanciarnos de nuestros pacientes, perdiendo nuestra oportunidad de seguirlos ayudando en su transición hacia la muerte.

Los médicos también necesitan desarrollar la idea de que la muerte no es un fracaso. Sólo fracasamos si intentamos evitar que la muerte. Entonces, el fracaso es inevitable, porque la vida tiene un índice de mortalidad del 100%

Siempre eh distinguido entre sanar y curar. Para mí, “sano” representa una condición de la vida del hombre; “curado”, se refiere estrictamente a un estado físico. En otras palabras pueden existir pacientes que sanaron de la cuadriplejía y del SIDA, e individuos que se curaron del cáncer, pero que no llevan una vida sana.

El médico al que me gustaría recurrir para que me atendiera a mi o algún ser querido tendría que entender que la enfermedad es algo más que una entidad clínica; se trata de una experiencia y una metáfora; con un mensaje que debe ser escuchado. Muchas veces, ese mensaje nos hablará a cerca de nuestro camino y de lo mucho que nos hemos apartado de él, de tal forma que nuestra existencia ya no es la verdadera del yo interno, o como diría Larry LeShan, hemos dejado de cantar nuestra propia canción.
En el libro de Jeanne Achterberg, La imaginación en la curación, se cita a Ernie Benedict, anciano de la tribu india Mohawk, quien asegura que la diferencia entre el doctor blanco y el chamán radica en que “los remedios de los doctores blancos tienden a ser muy mecánicos. Al paciente se le repara, pero al hacerlo no se convierte en una persona mejor de lo que fue antes. Para un indio, es posible convertirse en una persona mejor después de una enfermedad curada con el método adecuado”.

¿Cómo debería ser el hospital del futuro? La palabra "hospital" se deriva de "hospitalidad". Y, para beneficio tanto de los pacientes como del personal, el hospital debería convertirse en un lugar más hospitalario.

Los hospitales no sólo han de tratar la enfermedad, sino que deben enseñar a vivir a la gente, a prestarse apoyo mutuamente, de modo que cuando los pacientes salgan del hospital hayan aprendido algo sobre sí mismos y sobre cómo seguir viviendo. Entonces, al volver a incorporarse al mundo, pueden decir que la hospitalización fue un don para ellos, por lo mucho que les enseñó.

 Bernie Siegel

Realmente pienso que hoy los médicos se están abriendo cada vez más a muchas de estas ideas; poco a poco están volviendo a aprender lo que alguna vez sabían tan bien: el hecho de que no es posible comprender una enfermedad si no se entiende a quien la padece. Yo recibo cada vez más llamadas de Facultades de Medicina, hospitales y organizaciones médicas que me invitan a dar conferencias. Los médicos que hace diez o quince años se preguntaban por qué se me invitaba a hablar en sus instituciones son los mismos que ahora me presentan. Se están volviendo más abiertos porque empiezan a entender su propio dolor y el de sus pacientes.



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