Leonardo Da Vinci quería aprender de la naturaleza. Entrevista a F. Capra.



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Frijof Capra (Viena, 1939) tiene una sensibilidad especial para percibir resonancias en ámbitos aparentemente dispares, como su mentor Gregory Bateson, que buscaba patterns (patrones, pautas, ritmos) comunes a las cosas (“¿Cuál es el pattern que conecta al cangrejo con la langosta, a la orquídea con la prímula y a todos ellos conmigo?”). Investigador en física teórica en el Berkeley de finales de los sesenta, Capra vio que la realidad profundamente dinámica e interdependiente que revela la física resuena con el núcleo clásico de las filosofías orientales. De ahí surgió su primer libro, El tao de la física (1975), cuyas intuiciones básicas siguen siendo reveladoras pese a que la física, como toda ciencia, no deja de evolucionar.

Capra tiene una insólita capacidad para abrir nuevos horizontes y para sintetizar y divulgar sin caer en excesivas simplificaciones. Es criticado por quienes no comparten su audacia interdisciplinar, pero en esa audacia está en buena compañía —Leonardo, por ejemplo.

¿Qué despertó su interés en la ciencia de Leonardo?

La obra científica de Leonardo me ha fascinado desde principios de los años 70, cuando trabajaba en El Tao de la física. Ya en aquella época me impresionó la descripción que hace Leonardo de su enfoque empírico, su “manifiesto científico”, que he puesto como epígrafe de The Science of Leonardo.

¿Podemos decir que Leonardo es el primer científico moderno?

Sin duda. Su enfoque del conocimiento implica la observación sistemática de la naturaleza, el razonamiento, la construcción de modelos teóricos y, a menudo, las generalizaciones matemáticas —es decir, las características principales de lo que hoy llamamos método científico. El único aspecto en el que Leonardo no puede considerarse un científico moderno es que no compartió sus descubrimientos. A diferencia de nosotros, no veía la ciencia como un empresa colectiva.

Su enfoque tiene también mucho de holístico y transmoderno.


Así es. La mayoría de los autores que han investigado la obra científica de Leonardo la han contemplado con anteojos newtonianos. Ello a menudo les ha impedido comprender su naturaleza esencial: una ciencia de las formas orgánicas, una ciencia de los patterns, de las cualidades, de los procesos de transformación. La ciencia de Leonardo es radicalmente distinta de la ciencia mecanicista de Galileo, Descartes y Newton, pero sus ideas básicas tienden a ser próximas a las teorías contemporáneas de sistemas y de la complejidad. Ésta es la tesis principal de mi libro.

¿En qué otros sentidos es distinta?

Leonardo no se dedicó a la ciencia y la técnica para dominar la naturaleza, como defenderían Bacon y Descartes un siglo después. La suya era una ciencia amable. Aborrecía la violencia y sentía una compasión especial por los animales. En vez de intentar dominar la naturaleza, la finalidad de Leonardo era aprender de ella tanto como fuera posible. Le fascinaba la belleza que veía en la complejidad de las formas y procesos naturales, y era consciente de que el ingenio de la naturaleza es mucho mayor que el de los diseños humanos. Esta actitud de considerar a la naturaleza como modelo y mentor está siendo redescubierta ahora en la práctica del diseño ecológico, quinientos años después de Leonardo.

¿Está esa ciencia ya implícita en su pintura?

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El enfoque de científico de Leonardo tiene una base visual, es el enfoque de un pintor. La pittura, escribe, abbraccia in sé tutte le forme della natura. Esta afirmación es clave para entender la síntesis leonardiana de arte y ciencia. Leonardo declara repetidamente que la pintura implica el estudio de las formas naturales, y pone de relieve la conexión íntima entre la representación artística de estas formas y la comprensión intelectual de su naturaleza intrínseca y sus principios subyacentes. Hay pues una dimensión científica en todas sus pinturas. Por ejemplo, La Virgen de las rocas ha sido calificada de “tour de force geológico” por su representación increíblemente precisa de complejas formas geológicas. También podría decirse que es un tour de force botánico. Las plantas frondosas que llenan la gruta no están esparcidas siguiendo un criterio decorativo, sino que surgen solo en lugares donde la arenisca se ha erosionado lo suficiente para permitir que echen raíces. Solo se representan especies adecuadas al ambiente húmedo de la gruta, cada una de ellas en un hábitat específico y en un estadio de desarrollo que corresponde a la estación. Aparte de sus dimensiones artística y religiosa, esta obra muestra la profunda comprensión de la naturaleza que tiene Leonardo. Y eso vale para todas sus obras maestras.

Si Leonardo hubiera publicado sus resultados, ¿hasta qué punto nuestra ciencia sería hoy diferente?

Su concepción orgánica de la vida ha continuado como una corriente subterránea en biología a través de los siglos. Sin embargo, los científicos posteriores no fueron conscientes de que el gran genio del Renacimiento había ya formulado muchas de las ideas que ellos exploraban. Mientras los manuscritos de Leonardo acumulaban polvo en antiguas bibliotecas europeas, Galileo era ensalzado como el “padre de la ciencia moderna”. No podemos evitar preguntarnos cómo habría evolucionado el pensamiento científico occidental si los cuadernos de Leonardo hubieran sido conocidos y ampliamente estudiados poco después de su muerte. Sin duda Galileo y Newton hubieran incorporado los descubrimientos de Leonardo a sus teorías, para empezar porque, al vivir mucho más cerca de su época, le hubieran entendido mucho mejor de que nosotros. Por tanto, la ciencia occidental hubiera podido equilibrar mucho mejor el mecanicismo y el holismo, el estudio de la materia (o de la sustancia, la estructura y la cantidad) y el estudio de la forma (o del pattern, el orden y la cualidad).

¿Qué nos queda por aprender de Leonardo?

El legado de Leonardo tiene hoy una enorme relevancia. A medida que nos damos cuenta de que nuestras ciencias y tecnologías tienen cada vez un enfoque más estrecho, son incapaces de comprender nuestros problemas multidimensionales desde una perspectiva interdisciplinar, y están dominadas por multinacionales más interesadas en los beneficios financieros que en el bienestar de la humanidad, necesitamos urgentemente una ciencia que celebre y respete la unidad de todas las dormas de vida, que reconozca la interdependencia fundamental de todos los fenómenos naturales y nos reconecte con la Tierra viva. Lo que hoy necesitamos es exactamente el tipo de ciencia que Leonardo previó y esbozó hace quinientos años.


Fritjof Capra entrevistado por Jordi Pigem
revistanamaste.com

2 comentarios:

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  2. Anónimo6/1/17 12:56

    es un buen análisis sobre los estudios que realizaba Sr. leonardo
    a solas de la naturaleza y sus pinturas como bien lo dijo la naturaleza es mi gran maestra.

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