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2 jun 2013

El otro siempre tiene algo que decir.


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juan antonio currado, la creacion, sincronicidad

¿Cómo se consigue la reconciliación? Hay que proseguir incansablemente los esfuerzos por hablar, por entender y darse a entender, por abrirse a la existencia dialogal. La interrupción del diálogo es el solipsismo y la muerte, porque la vida misma es diálogo constante. El otro tiene siempre algo que decir. No soy yo la única ventana por la que se ve el mundo; ni mi yo existe sin un tú y toda la gama de los pronombres personales.

El diálogo es tanto una ciencia como un arte. Implica la ciencia de conocerse tanto a uno mismo (incluido lo que uno piensa y quiere) como al otro; es la ciencia que sabe que ninguno de estos dos conocimientos es exhaustivo, ni en mí ni en el otro; es una ciencia muy descuidada en nuestros días. Quien se cierra al diálogo podrá ser todo lo buen estratega y todo lo astuto que quiera, pero generalmente no sabe hablar ni discutir ni, en último término, pensar, por muchos cálculos y predicciones que pueda hacer. Pero, además, el diálogo es también un arte, un hacer, una actividad, una praxis.

26 ago 2009

Nos hicieron creer.


 
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lennon auto retrato

Nos hicieron creer que el “gran amor” sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía, es más agradable.

15 feb 2009

Semblante de una historia... presente.



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Realizado por
Juan Antonio Currado

La foto que en 1985 National Geographic hizo famosa al publicarla en su revista es mucho más que una tapa. Se trata de la historia real de una niña afgana que años después fue nuevamente fotografiada, reflejando ahora en su rostro de mujer la expresión y la mirada de quien creció en media de una guerra durante 23 años.


27 nov 2008

Empatía, otra manera de contar la historia.



“Flandes, 24 de diciembre de 1914. La tarde llega a su fin. La Primera Guerra  Mundial de la historia en su quinto mes. Millones de soldados se apiñaban agazapados en la red de trincheras que cruzaban la campiña europea. En muchos lugares, los ejércitos enemigos estaban atrincherados uno frente a otro, a un tiro de piedra. Las condiciones eran infernales. El aire glacial del invierno entumecía los cuerpos. Las trincheras estaban anegadas. Los soldados compartían su cobijo con ratas y otras alimañas. Por falta de letrinas adecuadas, el hedor de excrementos humanos lo impregnaba todo. Los hombres dormían de pie para evitar la porquería y el fango. Los soldados muertos yacían en la tierra de nadie que esperaba las dos fuerzas, pudriéndose a unos metros de sus camaradas vivos, que no podían ir a por ellos para darles sepultura.

Cuando aquella noche caía sobre los campos de batalla, sucedió algo extraordinario. Los soldados alemanes empezaron a prender velas en los miles de pequeños árboles de Navidad enviados al frente para elevar su moral. Luego comenzaron a cantar villancicos… Primero, Noche de paz; luego, un torrente de canciones. Los soldados ingleses escuchaban atónitos. Uno que contemplaba con incredulidad las líneas enemigas dijo que las trincheras titilaban “como candilejas de un teatro”. Los ingleses respondieron con aplausos: al principio con cierto reparo, luego con entusiasmo. También ellos empezaron a cantar villancicos a sus enemigos alemanes, que respondieron aplaudiendo con el mismo fervor.

Se puede convivir entre diferentes.

integracion, convivencia

Juan Antonio Currado

23 nov 2008

Bokuden y sus tres hijos. (Algo más que un cuento...)

zen paz equilibrio bokuden hijos


Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega.

Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: 

Colocó un jarrón sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación. Tranquilamente sentado con su amigo, ambosfrente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el jarrón antes de entrar. Entró, cerró detrás de él, volvió a colocar el jarrón sobre el borde de la puerta y saludó a los dos Maestros.­ Este es mi hijo mayor ­dijo Bokuden sonriendo­, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino deconvertirse en Maestro.

A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizó la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por lospelos el jarrón que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.­ Este es mi segundo hijo ­explicó al invitado­, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarrón le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos. Esté, ­respondió el Maestro,­ es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero a ún es joven.

Del libro El blanco invisible