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2 dic 2009

Enojarse SIN herir.



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Son las diez y diez y no llega.
¡Otra vez lo mismo! ¿Para que me habré apurado?
¡Me hizo venir a las diez, ya son las 10,17 y no aparece!
No pude ser, son casi las 10,20 y con todo lo que tengo que hacer todavía estoy aquí esperándolo.
¡Este es un desconsiderado!
Son más de 10,25. Ya me arruinó el día. ¡A ver con qué excusa viene! Espero hasta las 10,30 y me voy.
¡Ya me va a escuchar este…!
¡Ah viniste! ¡Sos un irresponsable… un irrespetuoso!
¡Yo corro para llegar a horario, pero vos sos el mismo desconsiderado de siempre!
¡La próxima yo voy a llegar a cualquier hora y a disfrutar dejándote plantado!



Frustración y enojo: Dos caras de la misma moneda.

Siempre que hay enojo, hay un deseo o necesidad no satisfecha; espero algo… y eso no sucede.
En el relato, quien llego puntual esperaba satisfacer su necesidad de que la otra persona estuviese a la hora acordada. Cuando la otra persona llega media hora tarde, se frustra por no lograr satisfacer su necesidad. Paso seguido: se enoja.
Al enojamos nos inunda una energía o fuerza adicional. A nivel orgánico se corresponde con la mayor segregación de adrenalina y de noradrenalina; el corazón late más rápido, aumenta la presión sanguínea y la mayor afluencia de sangre en músculos y brazos nos dispone para la acción física inmediata. Esta hiperactividad o plus de energía, es una fuerza extra que disponemos para reforzar las acciones destinadas a la autoafirmación y a obtener lo que necesitamos. En tal sentido el enojo no es un fin en si mismo, es una herramienta para resolver un problema.


27 nov 2008

Del maltrato al buen trato entre mujeres y varones.



Que un varón maltrate a una mujer, es mucho más que una contienda entre sexos. Es un problema que sufren (cada uno a su manera) mujeres y varones socializados en un modelo de jerarquías humanas respaldadas por la fuerza o la amenaza de fuerza.

Cuando un varón ejerce violencia para someter a una mujer, esta manejándose dentro de la misma lógica en la que nos manejamos para estar en guerra contra la pobreza, combatir el desempleo, derrotar la inflación, pelear el precio, atacar el cáncer, vencer la depresión, etc. Al centrar nuestras relaciones cotidianas en conversaciones de guerra, control, obediencia, competencia y propiedad, estamos participando de una cultura de dominación en la que “la vida es una lucha”; por lo tanto lo único que podemos hacer es “vencer o morir”.